A veces decepcionarse hace bien
Hoy me pasó eso. Me decepcioné, todo lo que creía bello, perfecto e increíble para mi hija de pronto se convirtió en un negocio en donde perteneces o no según si comes lomo todos los días o fideos con manteca. ¿De eso se trata la educación? Donde queda el sueño de darle a tu hija una buena educación en donde le enseñen determinados valores, moral y ética, donde la pase bien, donde la cuiden y le enseñen la importancia de respetar al otro y de respetarse. Hoy me faltaron el respeto en mi propia cara, en la propia institución que se dice progresista y humana, hacía mucho que no vivía una situación así, creo que desde que tengo veinte años que me prometí que no me iban a volver a tratar así. Pero tengo las defensas bajas y no me esperaba que me dijeran que para ser adulto y crecer en la vida lo importante es ganar dinero a costa de todo, sin importar lo que uno hace, sin importar el tiempo que a uno lo consume, sin importar el tiempo que uno pierde alejado de las cosas que le hacen bien. ¿Entonces para qué sirve? Parece que mi familia no pertenece a este jardín que ve la educación como un negocio, en donde lo importante es pagar la cuota a fin de mes. Todo lo demás no importa. Qué decepción y que bueno darme cuenta de todo eso. Pero no es solo eso. Lo peor es el trato, es que te digan que no sos adulta, que no tenes proyectos de crecimiento, que vayas a un lugar acorde a lo que podes pagar, que soñar no es de adultos. Bueno, a todas las personas que piensan que soñar y pensar en tener una mejor vida tratando e intentando hacer lo que a uno le gusta, le apasiona es imposible, les digo: ustedes son los que no crecieron, ustedes son los que no son adultos. Ustedes son los mediocres. Sigo pensando y soñando que uno puede disfrutar de lo que hace con responsabilidad y respeto y obtener a cambio lo necesario para tener una buena calidad de vida. Sigo creyendo que hay espacios y hay personas que piensan igual, que siguen creyendo en la palabra, en el ser humano, en el respeto, en el amor al prójimo, y en el amor al trabajo. Hacía mucho que no me sentía tan maltratada y tan chiquita y no lo merezco. No pude decírselo. Fui débil. Mi marido por suerte me salvó. Que bueno tenerlo al lado mio. Que bueno saber que uno no esta solo en esta búsqueda. Y lo mejor: no somos sólo dos, somos tres.